Caminos de redescubrimientos

Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra. (Génesis, 8:11)

Después de varias semanas de confinamiento, durante las cuales hemos echado en falta el espacio exterior y el contacto con otras personas, se empieza a vislumbrar el momento en que vamos por fin a ir recuperando poco a poco la vida que llamamos normal.

Una vez fuera, es probable que nos asalte la duda de si hemos aprovechado bien ese tiempo que se nos ha dado para estar solos o únicamente con personas de nuestro entorno íntimo. Pero esa duda, que nos acompañará siempre, pues cualquier momento o contexto son excelentes oportunidades para el aprendizaje, no debe detenernos: fomenta la curiosidad, y esta constituye un gran estimulante para aprender.

Uno de los aprendizajes más evidentes de este período de confinamiento nos lo ha ofrecido la naturaleza. En este breve espacio de tiempo en el que hemos bajado la intensidad de nuestro ataque hacia ella, nos ha revelado su fuerza y su capacidad de rápida regeneración, y nos ha transmitido un claro mensaje sobre qué espera de nosotros: respeto y sensatez en la utilización de sus recursos. Si algo ha quedado claro es que debemos cambiar nuestra mirada hacia ella, en un ejercicio de sincera humildad. Un punto de reflexión sobre quiénes somos y qué hacemos aquí.

Ahora, más que nunca, se hace evidente la unión entre lo físico y lo mental. Debemos estar agradecidos por el hecho de disponer de caminos cartografiados en los que poder poner en práctica el diseño de nuestras rutas mentales, esas que pertenecen a la esfera íntima de la persona, pues los caminos son magníficos escenarios para la reflexión. Decía con razón Nietzsche que todos los grandes pensamientos se conciben al caminar.

De manera obligada hemos sido colocados en un contexto idóneo para llevar a cabo un proceso de autoconocimiento. No tengo duda de que, en mayor o menor medida, lo hemos aprovechado. Ahora el contexto va a cambiar y se nos ofrece la oportunidad de comprobar si nuestra evolución pasa la prueba de la práctica. Vamos a salir y podremos verificarlo, solos y con los demás.

Convirtamos los caminos en las arterias que den vida a la sociedad y a los caminantes en los glóbulos rojos que le confieran fuerza y sentido, vertiendo en ellos lo aprendido y enriqueciéndonos con el aprendizaje ajeno. Recuperemos esa sensación que habíamos perdido de conexión con la naturaleza de la que, no olvidemos formamos parte inseparable.

Los caminos son un espacio de redescubrimiento y las sorpresas serán muy agradables. Sin duda.

 

 

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