LOS TEMPLARIOS Y LA VERA CRUZ

Los templarios llegaron a reino de Murcia en 1266, formando parte del ejército de Jaime I de Aragón, que llegó hasta esas tierras situadas al sur de su frontera para ayudar a su yerno, Alfonso X el Sabio, a sofocar una revuelta mudéjar. El rey aragonés se había educado con la Orden y cedió a los freires parte de las tierras que correspondieron por a campaña militar. El rey sabio, por su parte, les dio las fortalezas de Caravaca, Cehegín y Mulas, con la intención de asegurar su presencia en la siempre problemática línea fronteriza que separaba Castilla del reino nazarí de Granada. Algunos historiadores locales apuntan la posibilidad de que los templarios llegasen a estos lugares tras la firma del Tratado de Alcaraz (1243), por el que Murcia se incorporó a Castilla...

No es difícil imaginar Caravaca en esa época: una fortaleza solitaria, en una tierra inhóspita, despoblada y bajo e peligro permanente de un ataque musulmán. Con semejante reclamo, la necesaria repoblación que exigía la reconquista se convertía en una empresa harto difícil. Seguramente ésta fue la razón por la que los freires decidieron encarecer su encomienda con una reliquia de la Vera Cruz. El "madero sagrado" atraería la atención de los fieles, fortalecería el empuje de as espadas y serviría de paraguas protector a las familias que se instalaran en las nuevas tierras...

El culto de la Vera Cruz en Caravaca, con sus momentos de mayor y menor exaltación, ha permanecido constante a lo largo de la Historia, aunque en 1934 tuvo lugar un acontecimiento que dinamitó a devoción popular. La mañana del Miércoles de Ceniza de ese año, el día que se inicia la Cuaresma, se produjo el sacrílego robo de la reliquia. Hoy en día, su desaparición sigue siendo un misterio...

El investigador Rafael Alarcón Herrera ofrece una relación de los lignum crucis templarios peninsulares: "En total hemos conseguido, hasta ahora, noticias de trece lignum crucis relacionados con encomiendas y posesiones templarias, de las cuales solamente siete se conservan en la actualidad, y aún de estos solamente seis son auténticos, ya que el de Caravaca (Murcia) es una reproducción moderna, puesto que el original fue robado en 1934. Los desaparecidos se encontraban en Torres del Río (Navarra), Villalcázar de Sirga (Palencia), Villamurriel de Cerrato (Palencia), Alfambra (Teruel), ARTAJONA (Navarra), Maderuelo ( Segovia) y Montesa (Valencia); de algunos de ellos solamente quedan vagas referencias en las crónicas antiguas y de otros únicamente resta la leyenda popular o la tradición".

La cruz de Caravaca es la llamada cruz patriarcal, la forma del pectoral que llevaban los patriarcas. También se la conoce como cruz de Lorena, porque uno de los primeros relicarios de la Vera Cruz, con esta forma, fue a parar a manos del rey Renato de Lorena, que la incorporó a su emblema. El caudillo de la primera cruzada, Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena y primer rey de Jerusalem con el título de Advocatus Sancti Sepulchri era miembro de la casa de Lorena y, por tanto, descendiente de la dinastía merovingia, de tanta trascendencia en la leyenda griálica. Puede ser interesante resaltar que en la laicista Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, la Resistencia francesa adoptó la cruz de Lorena como símbolo contra el invasor nazi.

 

Los Templarios y la Vera Cruz. Carlos García Costoya. Codex Templi

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