Peregrinaciones a la Basílica de San Saturnino

El fenómeno de las peregrinaciones trajo consigo los relatos de curaciones portentosas. Los artajoneses se ven envueltos en un clima de devoción entusiasta. Con las limosnas de algunos devotos se hizo y colocó un órgano en 1698. Ante la afluencia de peregrinos forasteros, la Basílica resulta pequeña y vieja. Entonces se plantea en serio y se emprende decididamente la construcción de la Basílica actual, templo de planta de cruz latina con cúpula y linterna. Las obras duraron de 1709 a 1714. Es muy posible que al traerse la imagen de la Virgen al pueblo vinieran algunas reliquias en su silla, como era costumbre en la Edad Media y en épocas posteriores. Incluso es posible también que se depositara en su interior tierra del Santo Sepulcro, extraída por algún peregrino que había visitado Jerusalén. Es también verosímil que junto con estas reliquias traídas por un peregrino y depositadas en la imagen, viniera la reliquia del Lignum Crucis, según es tradición asentada en Artajona en el siglo XVII, para la que se haría el actual relicario en la segunda mitad del XVI.

«El año de 1709 se trajo la santa Imagen a la iglesia de San Pedro y al punto se dio principio a la fábrica; recogiendo al mismo tiempo las limosnas que fervorosos los vecinos devotos contribuían cada año, ya con dádibas de dinero, trigo y vino, y ya abriendo cimientos, apromptando materiales de piedra, cal, arena, agua, yeso y lo demas»

El Cabildo eclesiástico contribuyó con una aportación anual de 82 robos de trigo y 160 reales durante 14 años. Al oriente de la cabecera plana se levantó un muro habilitándose una espaciosa sala que se denominará «camarín», donde irían acumulándose los exvotos. A la parte norte fue construida una «hospedería» para recoger a los forasteros.

La inauguración del templo (8-IX-1714) revistió caracteres de apoteosis. Los artajoneses compartieron su fervor con los de fuera. La imagen fue llevada solemnemente desde la iglesia de San Pedro «con innumerable concurso de forasteros». En la Misa solemne predicó Fray José de Sarasa, Carmelita Descalzo. Hubo comedias, corrida de toros, refresco de vino y pastas para los peregrinos forasteros

A partir de este momento las atenciones materiales del templo se multiplican. Se dota a la Basílica del actual retablo barroco (1717), del retablo e imagen de San Gil (1725), se cierra el nicho de la Virgen con una reja de hierro que trabajó un oficial de buen gusto, natural de Caparroso (1724)

En la segunda mitad del XVI y antes de 1585, suceden todas estas cosas: Aparece la denominación «Nuestra Señora de la Oliva». Se le hace nuevo retablo que decoró Beltrán de Otazu. Este mismo pintor «encarnó» los rostros de la Virgen y del Niño. El Cabildo de San Saturnino encomienda a Luis de Suescun la obra del relicario del «Lignum Crucis». Se descubre el pergamino-auténtica. Cada una de estas circunstancias, consideradas por separado, pueden recibir distintas explicaciones que no ponen en duda la posibilidad de la existencia de la imagen en la ermita y de la reliquia del «Lignum Crucis» en la Parroquia, antes de 1550. Pero no deja de ser sintomático que todas ellas concurran en una misma época.

Con todos estos datos podemos elaborar una hipótesis que, por ser tal, queda sujeta a revisión, y en modo alguno estimamos definitiva. Elaborada a base de indicios, necesitaremos pruebas documentales más explícitas para sancionarla o modificarla.

Es posible la existencia de un Lasterra en el siglo XV, quizás peregrino a Jerusalén, de donde aportó las reliquias del Sepulcro del Señor y del Lignum Crucis. Este mismo Lasterra pudo haber adquirido la imagen de la Virgen en Francia. Pasados los años, y para cuando Juan Lasterra Mayor, alcaide del Castillo de Artajona según afirma la Ejecutorial, necesitó pruebas para obtener la cédula de Remisionado de Armas, hacia 1500, en la tradición familiar se han mezclado confusamente diversos elementos: A la noticia de un antepasado que tenía una imagen de la Virgen, se ha asociado la existencia de unas reliquias relacionadas con Jerusalén, y el recuerdo del premio otorgado a un Lasterra por un Rey.

Cuando Juan Lasterra Mayor necesita presentar pruebas de nobleza y méritos familiares, se recaba la ayuda de alguien que conoce la tradición familiar y que está al otro lado de los Pirineos, concretamente en Toulouse. Esta persona amiga guardaba quizás la imagen a la que iba relacionado el recuerdo de un Lasterra. La existencia de las reliquias pudo contribuir a asociar suprocedencia con la cruzada de Palestina.

Entonces se falsifica en Toulouse el documento, recogiendo la tradición, y metido en la imagen, es enviado a los Lasterras de Artajona. Estos hacen copia del documento y retienen un tiempo la imagen y las reliquias. Muerto Juan Lasterra (c. 1537) alguno de sus descendientes (el beneficiado don Cristóbal?) decide regalar la imagen a la ermita y donar el Lignum Crucis y otras reliquias a la Parroquia. Con esto la ermita, que hasta entonces se denominó Santa María, comienza a llamarse de «Nuestra Señora de la Oliva», nombre con que el pueblo «bautizó» la nueva imagen por el objeto que lleva en la mano.

El cabildo encarga el relicario de plata para la reliquia del Lignum Crucis y manda construir el retablo para la imagencita, cuyos rostros son pincelados. Poco después es descubierto oficialmente el pergamino. El pueblo no profesa todavía especial devoción a la nueva imagen.

La hipótesis es demasiado complicada para ser admitida fácilmente. Pero al menos se basa en datos ciertos que explica satisfactoriamente. De ser cierto, tendríamos que admitir que la imagen y el núcleo primitivo de la tradición llegaron a nuestra Villa a principios del XVI. En todo caso la tradición del Capitán Cruzado no es conocida en Artajona antes de esa fecha. El sensacionalismo de que se vio rodeado el robo de las reliquias (muerte misteriosa del ladrón, devolución y declaraciones), fue la mejor propaganda para el contenido apócrifo del documento. Con la visita del Obispo Sandoval a la Basílica (1614) y la solemnidad formal a la lectura y transcripción del documento, el núcleo primero y fundamental de la leyenda recibió el espaldarazo.

Todavía son desconocidos los detalles accesorios de las apariciones en el olivar, con motivo de la misteriosa ruina de la ermita, y los sucesos portentosos, que se inventarán más tarde. Sin embargo, a menos de veinte años de la visita del Obispo Historiador, vemos ya iniciado el proceso que engendrará la segunda fase de la leyenda.

Historia y leyenda en torno a la Virgen de Jerusalén de Artajona. José María Jimeno Jurío

 

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